“Siendo potencia el
poder existir, se sigue que cuanta más realidad compete a la naturaleza de una
cosa, tanta más fuerzas tiene para existir por sí” B.Spinoza
I
Entre el Manifiesto comunista y El capital leemos que al
proletariado le ha sido arrebatada toda forma de acceso a las condiciones
materiales que permitirían su supervivencia. Por eso se ve obligado a trabajar
para los explotadores. Esa es la condición sobre la que se construye su
dominación y su sometimiento. El capitalismo funciona a partir de la obligación
de trabajar.
Nadie baja a una mina por dignidad. Los mineros bajan a la
mina porque no tienen más remedio, porque tienen que sobrevivir, porque el
capitalismo les hace materialmente imposible sobrevivir de otro modo.
Entre el
Manifiesto comunista y
El capital leemos también las
trazas de una historia de resistencia y lucha, de enfrentamiento a la
explotación y a la barbarie. La historia del capitalismo es también (con sus
éxitos y sus fracasos) la historia de las luchas obreras contra la explotación,
la historia del rechazo de la relación salarial, la historia del rechazo del
trabajo impuesto, la lucha por la dignidad y por la vida... contra las
imposiciones de los explotadores.
Tenemos mucho que aprender del proletariado. Sobre todo: de
la dignidad en la lucha. Sobre todo: del amor por la libertad. Sobre todo por
la necesidad de autonomía y autogobierno que permita la afirmación de nuestras
existencias concretas en una construcción común e inmediata que se expanda
hacia el compromiso con un mundo nuevo.
Por eso no queremos que nadie se vea obligado a bajar a la
mina, que nadie esté obligado a jugarse la vida (y tampoco: a destruir el medio
ambiente) para el beneficio privado.
Eso no lo queremos.
Terminar con la explotación. Ser -en común- dueños de nuestra
vida. Terminar con la explotación: reapropiarnos de las condiciones materiales
de la existencia, controlarlas y ponerlas a trabajar para el común. En común,
democráticamente.
Eso es lo que queremos.
Y por eso estamos en las calles y en las plazas (y también en
las mesas de estudio, en los puestos de trabajo y en los demás espacios en los
que vivimos sometidos, explotados, ninguneados, excluidos, precarizados,
discriminados, negados, golpeados, detenidos: en todo el espacio social)
intentando cambiar el mundo. Cambiándolo: tanto cuanto somos capaces de
hacerlo. Como siempre hizo el proletariado.
Sabemos quienes somos. Somos el 99%. Somos la multitud. Somos el proletariado. Somos
el nuevo proletariado.
Y no consentiremos que alguien lo niegue. Y no consentiremos
que quieran imponernos “lo que tenemos que hacer”.
II
En las últimas semanas, formando parte de la estrategia
asesina del capital, como una más de las medidas con las que quieren hacernos
–de nuevo- pagar las consecuencias de la inviabilidad del capitalismo y
formando parte de lo que llaman “política de recortes”, el gobierno ha decidido
no pagar los fondos que tenía comprometidos y que, mediante subvención a las
empresas mineras y a otras formas de reconversión productiva, permitirían el
mantenimiento de varios miles de puestos de trabajo en las minas de carbón y en
las comarcas mineras. Con ello condenan a la miseria no sólo a los mineros y a
sus familias sino también, de forma indirecta, a todos los habitantes de las
comarcas cuya actividad económica gira alrededor de esa actividad productiva.
Los mineros se han declarado en huelga. Cortan las carreteras
para visibilizar la agresión y, entre otras muchas acciones, junto con sus
familias, han realizado una marcha con manifestación incluida hasta la sede del
Ministerio de Industria, en el centro de Madrid.
Hemos estado –y estaremos siempre- con los mineros. Su lucha
contra la explotación es la nuestra.
Creemos, por eso, que debe despejarse un malentendido (que
quizá no sea sólo un malentendido) que se ha originado a partir de la
publicación de un comunicado del Grupo de trabajo de Medio Ambiente de
AcampadaSol a propósito de la situación de la minería del carbón. Un
malentendido, porque algunos compañeros han entendido que se trataba –sin serlo
verdaderamente- de un ataque a los mineros movilizados. Y algo más que un
malentendido porque, en nuestra opinión, centrándose en la irrenunciable
defensa del medio ambiente, el comunicado no ha estado afortunado en la manera
de referirse a las demás cuestiones implicadas en el conflicto, particularmente
las que afectan a los trabajadores (de las minas o de los sectores
productivos).
El comunicado no deja de señalar que “estamos con los
trabajadores y sus familias” pero, con una redacción muy poco afortunada,
continúa el párrafo diciendo: “Por ese motivo, les apoyamos en lo referido a
una transición justa de su sector, para que ningún trabajador se vea en el paro
ya que, como siempre, son los que sufren las decisiones del poder”.
Tenemos que ser claros: la defensa de los derechos de los
mineros no puede convertirse inmediatamente en la defensa acrítica de una actividad
productiva que sólo beneficia a los intereses de unas pocas empresas privadas
que condenan al paro y a la miseria a grandes capas de la población y que,
además, chantajean continuamente a los mineros para, aprovechando sus
movilizaciones, obtener fondos públicos que sólo revierten en beneficios
privados. Es verdad que se aprovechan de sus movilizaciones, pero eso,
exclusivamente, no explica las movilizaciones de los mineros, tal como se
afirma en el comunicado de medio ambiente (“estos son los que realmente están
detrás de todas las movilizaciones”). Si las movilizaciones de los mineros
pueden servir, coyunturalmente, a los intereses de los empresarios para los que
trabajan (quienes pueden tener interés en ciertas ayudas del Estado, y para lo
cual es justo la exigencia de una auditoría ciudadana que estudie el destino de
los fondos destinados a la reconversión durante estos últimos años) esto se debe a que su existencia depende a
vida o muerte del capital. Los mineros no se movilizan a favor de los intereses
de la clase que los explota. La lucha de los mineros es una lucha por su vida,
por su existencia, contra el capital que les obliga a trabajar explotados en un
trabajo que destruye sus vidas y el medio ambiente, y todo ello para beneficio
privado de las empresas. Éste, y no
otro, debe ser el centro de toda nuestra solidaridad con su lucha.
Nos parece muy adecuada la exigencia del fomento de las
energías renovables y del desarrollo de la actividad humana pero en condiciones
de dignidad laboral y sin dominación. Esto
implica que el fomento de reconversión
no ha de estar dirigido más que por los propios trabajadores y vecinos de las
comarcas mineras, que libre, democrática, y conscientemente son dueños de su
destino, según sus propias necesidades.
No queremos mineros
explotados en una mina.
Pero tampoco queremos mineros reconvertidos y explotados en
cualquier otro sector productivo. No queremos que ningún trabajador tenga que jugarse
la vida en una mina para el beneficio privado. Pero tampoco queremos que tenga
que ser explotado en cualquier otro sitio.
Para eso (y no sólo para apoyarles “en una transición justa
de su sector”) estamos –y estaremos siempre- con los mineros. Y sabemos que los
mineros están –y estarán siempre- con nosotros. Aunque algunos se empeñen en
distanciar nuestras luchas y en decir que nuestros objetivos son distintos.
El Comité Spinozista lamenta lo poco acertado que ha estado
el Grupo de Medio Ambiente a la hora de redactar su comunicado, porque
entendemos que, aun sin mala intención, desprecia la lucha de los mineros en un
momento muy complicado para ellos. Hacemos un llamamiento público a los
compañeros que lo integran para que hagan las rectificaciones oportunas.
Nosotros, en todo caso, queremos dejar explícita nuestra posición al respecto.
III
Cosa distinta es la
que dicen algunas otras voces que han intervenido también en la polémica
abierta. Y frente a ellas queremos también decir unas palabras. Porque no se
trata de voces críticas con el comunicado sino que, con la excusa del
comunicado, plantean una impugnación general del 15M. Una impugnación que
vienen haciendo en los mismos términos desde que el movimiento tenía apenas
unas semanas de vida y en la que utilizan como “argumentos” los mismos que han
venido utilizando desde entonces.
La huelga de los mineros, al parecer, se ha convertido para
ellos en el argumento de fuerza para concluir lo que ya habían concluido: que
el 15M está al servicio del capital y que está integrado por simples niñatos
que nada tienen que ver con la clase obrera.
Poco les importa que se haya argumentado que se trata
únicamente de un comunicado de uno de los muchos Grupos de Trabajo que
constituyen el tejido asambleario. Poco les importa que haya otro comunicado
aprobado, éste sí, en Asamblea general en Sol mostrando el apoyo incondicional
a las reivindicaciones de los mineros. Poco importa el comunicado publicado por
la asamblea del 15M en Asturias, que en la misma línea, da muestras de
solidaridad y apoyo a las luchas de los mineros. Es igual: el 15M está al
servicio del capital y está integrado por niñatos que nada tienen que ver con
la clase obrera. (Poco importa que en la construcción común de la vida política
nos podamos equivocar).
Podemos tomar como
ejemplo de esta posición un comentario
que ha circulado por Internet y que responde, supuestamente, a la autoría de
Nega, uno de los componentes del grupo Chikos del Maíz. En él se “argumenta”
que los participantes del 15M son unos “mierdas y unos malnacidos” que en la
vida “han pasado calamidades en casa”. El resto del mensaje se resume en decir
que los componentes del 15M son unos niñatos con carrera que conforman otra
clase social distinta del proletariado y que como tales son sus enemigos de
clase. “En las calles nos encontraremos”, sentencia varonilmente. A partir de
ahí, todo tipo de insulto y denigración está justificado contra este colectivo
de débiles, niñatos mimados y pequeñoburgueses desclasados. “Lo que teníais que
hacer es lavaros la boca antes de hablar de los mineros y besar el suelo que
ellos pisan atajo de meapilas desclasados”, “me meo en Sol, en esta comisión
especialmente y en vuestra revolución de colorines patrocinada por Quechua”,
etc.
Hemos leído también otras cosas no menos sorprendentes. Notas
a modo de “comentarios” del siguiente tipo: “el 15M no ha apoyado al movimiento
minero. Ni con comunicados en la manifestación de Madrid”. O todavía más claro:
“Prefiero morir ahogada en CO2 antes de que desaparezcan los mineros porque son
el único ejemplo de lucha que nos queda”.
Lo leímos con estupor, sin poder dejar de preguntarnos si lo
habrían escrito “agentes-infiltrados-del-ministerio-del-interior”, exagentes
reconvertidos de la Stasi o, simplemente, memos con vocación suicida.
Extraído todo –en el mejor de los casos- de un argumentario
dirigido más a las vísceras que a las cabezas y lleno de los tópicos más vacíos
de la más rancia tradición estalinista: (1) sólo son obreros aquellos que trabajan
en el “tejido industrial”; (2) la única “lucha revolucionaria” es la que esos
obreros llevan a cabo; y lo es (3) porque se encamina a “lo verdaderamente
importante”: las luchas laborales que cuestionarían la “infraestructura
económica”; y (4) en la medida en que esos obreros se organizan en “sindicatos
de clase” dirigidos por la “auténtica vanguardia del proletariado”.
Sobrevolando por encima de estos arcanos, además, dos mantras
buen aprendidos: (1) “sois unos niñatos pijos: estudiantitos de mierda”, y (2)
“menos batukadas y más barricadas”.
¡Aprended de los mineros!, nos dicen. Y en realidad quieren
decir: "tirad cohetes que suenen como bombas y haced una barricada para
pegarnos con los maderos"... lo cual, además de demostrar un
desconocimiento total de lo que hacen los mineros, no es sino la punta de lanza
de un "vanguardismo militarista" nada válido ni siquiera ya para
conflictos fordistas... de “la prehistoria”.
Que el 15M no está compuesto por obreros. Dicen. Y para
justificarlo encuentran la “prueba” más adecuada: son sólo estudiantes, es
decir, “hijos de papá”. Niñatos.
No queremos dejar de señalar la inconsciente reivindicación
del analfabetismo que se esconde en sus palabras, ni tampoco podríamos dejar de
referirnos al desconocimiento sociológico que padecen acerca de la extracción
de clase de la inmensa mayoría de los estudiantes de nuestro país… pero
insistiremos sólo en lo más obvio: ¿se han pasado alguna vez por cualquiera de
las plazas de las ciudades y pueblos en los que vienen haciéndose asambleas
ciudadanas desde hace más de un año? ¿Ven allí sólo estudiantes? Pocas cosas
hay más falsas: en las asambleas del 15M se han reunido y se reúnen ciudadanos
(sí, ciudadanos: el 99%, la multitud, el nuevo proletariado del período
postfordista) de todas las edades, de todos los niveles de formación, con
diversas experiencias de lucha, con diversas trayectorias vitales, separados y
divididos hasta entonces por las estrategias sistémicas del capitalismo
postfordista y ahora reunidos con un objetivo común: cambiar el mundo, acabar
con el capitalismo y, entre ellos, como uno más, sin pretender ser la
vanguardia de nada ni de nadie, todos los activistas de la contestación social
y política que no habían dejado de oponerse y resistir a los envites del capital en los períodos más duros de las décadas de plomo que estamos –entre
todos- dejando a un lado.
“Nega” y sus chicos deberían hacérselo mirar. Y tendrían que
empezar a mirar con un mínimo de respeto por la verdad lo que tienen ante los
ojos: no sólo se trata de los que participan en las asambleas sino también de esa “multitud
acompañante” que se moviliza y simpatiza masivamente con el 15M.
Somos muchos los que participamos en el 15M, los que nos
esforzamos por construir respuestas y alternativas a las ofensivas continuadas
del Capital desde las asambleas y grupos de trabajo. Somos todos… menos ellos.
Somos muchos: irrepresentables e insumisos; somos multitud.
Que el 15M está al servicio del capitalismo (incluso del
fascismo). Dicen. Y encuentran la prueba inmediatamente: no hablamos nunca de
la lucha de clases.
¿No hablamos de la lucha de clases? ¿Os habéis tomado alguna
vez la molestia de escuchar lo que se dice en las asambleas?
Estáis equivocados. Lo que no hacemos es encerrarnos en un
lenguaje que no todos entienden de manera inmediata, que ha sido tantas veces
traicionado y manchado y que para muchos ha dejado de significar nada. Lo que
no hacemos es aferrarnos a nuestros fetiches, a nuestra jerga, a una identidad
que para muchos sólo nos identifica con el pasado. No somos mejores que nadie…
y por eso estamos dispuestos a empezar desde el principio si hace falta. No
somos mejores que nadie… y por eso estamos dispuestos a escuchar, a discutir, a
razonar, y a alcanzar consensos que expresen lo que queremos y dejen claro lo
que no queremos, que permitan la actuación conjunta, que construyan ese común
que el capital se esfuerza en reducir a individualidad privada. ¿Esta estrategia es peor, más reformista, que
levantar barricadas y enfrentarse a la policía?. ¿Es que acaso la violencia es
por sí misma transformadora o revolucionaria?.
Lo que no hacemos es pensar que sólo es importante lo que
algunos viejos catecismos piensan como lo único importante. Frente a la
pseudo-seguridad de una religión cualquiera (que no hace otra cosa más que organizar
la desesperación frente a una realidad siempre cambiante), preferimos la elaboración continuada de respuestas, de
conocimientos y de medios para la acción, sin miedo a equivocarnos, y sin miedo
a rectificar. No confundimos los medios
(que siempre han de ser examinados y desechados cuando no son útiles) con
nuestros propios fines. Fines que, como el propio Marx resumimos en uno sólo.
Democracia. Democracia real. Lo queremos todo y lo queremos ya: en común y para
el común. La violencia es un medio, no un fin. También lo son las asambleas,
las discusiones, las manifestaciones pacíficas, etc. Si el Nega tiene algo que
objetar a estos medios, si tiene alguna estrategia mejor que aportar, puede
pasarse por las asambleas a proponerla e intentar llevarla a cabo. O puede
refugiarse en la autocomplacencia del insulto para pasar por mejor o más
enterado. En cualquier caso, creemos que es justo y legítimo el debido respeto
a todas las formas de lucha a través de las cuales se expresa el proletariado,
y no tratar de imponerle autoritariamente de manera externa (en este caso, a
base de insultos) el modo en que deben hacerlo.
Porque lo cierto es que sabemos con claridad qué tenemos que
aprender de los mineros. Y de los maestros. Y de los albañiles. Y de los
estudiantes. Y de los parados. Y de los inmigrantes. De los abuelos. De los
jóvenes. De las mujeres… en definitiva, de todos los que luchan contra la
dominación, sea cual sea el tipo de ésta (económica, racial, de sexo…) Queremos
vivir con dignidad… sin que nos quieran imponer cómo debemos hacerlo. Queremos
ser dueños de nuestro futuro. Queremos una sociedad libre de hombres y mujeres
libres. Y no necesitamos líderes.
Para ello necesitamos transformar el mundo en común, con
otros, potenciado mutuamente nuestras fuerzas, eliminando los errores y las
trabas materiales que nos separan. ¿Y
qué es el 15M, con su estructura de asambleas abiertas, con la enorme simpatía
que despierta en los ciudadanos, sino un lugar (sólo un lugar más) excepcional
para emprender esta tarea? Quien no quiera ver o entender esto quizás es porque
esté más preocupado por afirmar su identidad a base de eslóganes, símbolos y
fetiches que por transformar efectivamente la realidad (y a sí mismos).
Lo importante no son los modelos de lucha sino la lucha
misma. Y esa sólo es posible en común. Aunando fuerzas. Haciendo confluir las
exigencias de cambio. Como propone la asamblea del 15M de Mieres: “Es tiempo
de luchar todos juntos contra los que nos oprimen y nos estafan con su crisis”.
Porque comunismo es, como decía Marx, un movimiento real,
efectivo, que desde dentro de la sociedad capitalista, se abre paso hacia su
superación. El comunismo no es patrimonio de nadie, es patrimonio de todos. No
es una ortodoxia, un conjunto de recetas políticas, ni la tarea exclusiva de un
grupo sociológico determinado. Es el resultado de la superación de todas las
trabas que dividen al proletariado (con toda su multiplicidad) en su lucha contra
el capital. Por todo ello, ¡inteligencia, encuentro, cooperación, y acción! ¡Y
bienvenidas sean todas las luchas del proletariado!